
La Fundación Sustrai Erakuntza y la Plataforma Stop Biogás Arroniz han participado en el Ciclo «Pobles vius o territori de merdes? Bioeconomia i colonialismes interns a la Catalunya rural» organizadas por la Plataforma Pobles Vius (Herriak Bizirik). Las jornadas se celebraron el 16 y 17 de octubre, en Rufata (Lleida).
Al igual que ocurre en tantos territorios, la comarca del Ponent está sufriendo la presión de macroplantas de biogás. Con estas jornadas, se ha pretendido abrir un espacio de reflexión y debate sobre las relaciones de poder y dominación que existen tras estos grandes proyectos energéticos, industriales y de gestión de residuos que se están desplegando en las zonas rurales. Se trata de una cuestión que obliga a pensar y debatir cuál es el papel que se reserva a las zonas rurales en el modelo de “transición energética” que se nos está imponiendo y cuál es el margen de decisión de las poblaciones y territorios afectados.
Uno de los ejes centrales de estas jornadas ha sido la cuestión del colonialismo energético y territorial: quién determina la necesidad de estos proyectos, quién analiza las diferentes alternativas, quién decide, quién obtiene los beneficios, quién asume los impactos. En esta sesión, la Fundación Sustrai Erakuntza y la Plataforma Stop Biogas, junto con otras organizaciones como el GEPEC, desarrolló el manual de compra-venta territorial, analizando las estrategias para convencer, presionar, modificar la normativa o judicializar que acompañan a estos macroproyectos.
Igualmente, en las sesiones se ha analizado especialmente el colonialismo energético asociado al biogás, cuestionando críticamente las promesas de sostenibilidad asociadas a la bioeconomía, así como su vinculación con modelos extractivistas, productivistas y neocoloniales. A partir de este análisis, resulta evidente la necesidad de abrir una reflexión profunda sobre el modelo de ruralidad y las condiciones necesarias para hacer sostenible la vida en los pueblos. ¿Dónde queda el discurso de la lucha contra la despoblación si al mismo tiempo los pueblos se ven sometidos a proyectos que comprometen su calidad de vida, sus recursos y su capacidad de decisión sobre su futuro? ¿Cómo afrontamos la necesaria desconcentración urbana? ¿Qué aspectos han de conservarse y potenciar de la vida rural para que este espacio no quede desdibujado con los cambios actuales y futuros? ¿Las comarcas rurales tienen que limitarse a asumir las infraestructuras y los impactos asociados al modelo dominante de “transición energética” o pueden convertirse en un modelo que responda a las necesidades de la población?
Todas ellas cuestiones que han quedado abiertas para su reflexión y afrontamiento. En este camino, las jornadas han servido para estrechar relaciones entre organizaciones de diferentes territorios que nos permitirá desde el apoyo mutuo y la colaboración un trabajo conjunto en los próximos meses.

