
Una vez más ha quedado en evidencia la falsedad de quienes han justificado y justifican la necesidad del Tren de Alta Velocidad en Navarra para «poder impulsar el transporte de mercancías y promover el desarrollo económico de Navarra«. Dos noticias lo confirman. El 21 de julio se publicó en el BON la Declaración Ambiental favorable a la modificación del PSIS de Etxabakoitz. Y ese mismo día, se inauguraba la nueva Terminal Intermodal de Navarra en Noain.
El chirriar de carriles es obvio. Por un lado, se da un nuevo paso adelante en la tramitación del plan sectorial de desarrollo de la Estación de Tren de Alta Velocidad en Pamplona (Etxabakoitz), que acompaña a la construcción de más 11.000 viviendas para mayor beneficio del negocio privado en una zona repetidamente declarada como inundable. Por otro, representantes del Gobierno de Navarra y central, de Adif y del Puerto de Barcelona inauguraban el corredor ferroviario que une de facto a las empresas navarras con el puerto catalán. Es decir, que las empresas navarras ni esperan ni necesitan al TAV para poder desarrollar tanto su «competitividad como sus planes de internacionalización», como afirmó en el acto inaugural María Chivite. Una muestra más de que el TAV no servirá para llevar mercancías.
Y es que éste ha sido durante años el argumento inapelable para la justificación del derroche innecesario que ha supuesto, sigue y seguirá suponiendo la construcción del TAV en Navarra. Ya lo afirmaba Yolanda Barcina allá por el 2012, que el TAV era «una oportunidad de negocio» y que «si solo fuera un tren de pasajeros, no tendría sentido», pero que iba «a traer mercancías del puerto de Barcelona». También lo decía el presidente de la CEN, José Antonio Sarría, en 2017, que era «imprescindible para Navarra» un TAV «para pasajeros y mercancías». Incluso hasta este mismo año la Plataforma pro TAV ha seguido justificando la construcción del TAV porque va a permitir más exportaciones y mayor conectividad con los puertos. Pues bien, el argumento del TAV como infraestructura imprescindible para hacer a Navarra económicamente competitiva en el mundo cae por su propio peso.
De hecho, la inauguración de la Terminal Intermodal de Noain, con sus cinco frecuencias semanales anunciadas y el acceso a más de 200 puertos internacionales a través del Puerto de Barcelona, nos confirma lo sabido: que la infraestructura ferroviaria actual en Navarra estaba y está infrautilizada. Y esto lo advertimos en el informe de la Fundación Sustrai Erakuntza La Alta Velocidad ferroviaria y el transporte de mercancías publicado en 2019. En dicho documento se demostraba que la vía convencional ya tenía capacidad de triplicar el volumen de fletes, y que por consiguiente resultaba inútil la construcción de una nueva infraestructura como el TAV.
Desde el principio han engañado a la ciudadanía. El transporte de mercancías mediante el TAV era desde un principio técnica- y económicamente imposible. El transporte de mercancías a gran velocidad, sobre todo el de las mercancías pesadas, que es el que supone el mayor número, produce un desgaste tremendo en las vías. Y esto genera un gran riesgo y unos costes de mantenimiento desorbitados que suponen unas tarifas elevadas que disuaden a la actividad mercantil. Incluso la CEOE afirmó en su «Memorándum del Sector de Transportes» del 2009 que «las líneas de alta velocidad no eran fiables ni acordes para transportar mercancías». Ahora, con el paso que ha dado el mundo empresarial de Navarra con el anuncio de la conexión con Barcelona, los carriles del TAV chirrían y todo esto confirma nuestra hipótesis.
La inauguración de la Intermodal en Noain demuestra que no es necesaria la construcción del TAV en Navarra. Aun así, su construcción y los procesos de tramitación de esta obra colosal siguen su curso. Y cuando decimos mercancías, también lo decimos para el transporte de pasajeros. La actual infraestructura mejorada y completada en servicios y estaciones es la alternativa que mejor responde a las necesidades sociales cotidianas de movilidad, a la mejora de las condiciones de vida de los pueblos y a la reducción del transporte privado. El TAV, con su ingente consumo de recursos económicos públicos, supondrá mayor deterioro del tren convencional, mayor endeudamiento y desvío de recursos públicos hacia actividades inútiles. Ante tal sinsentido, exigimos, como ya lo hicimos en junio junto a más de 260 grupos y organizaciones políticas, sociales, sindicales y culturales, que se paralicen estas obras megalómanas que suponen un agujero negro para las arcas públicas, que se desmantele lo ya construido, que se restauren los espacios naturales y agrarios afectados y que se afronte la mejora de la infraestructura ferroviaria actual con carácter público, social y medioambientalmente más sostenible.
Artículo de opinión firmado por Nerea Martiarena Vallero y Jule Goñi Montero, miembros de la fundación Sustrai Erakuntza.
