
El físico del CSIC Antonio Turiel ha dado recientemente una conferencia sobre los problemas energéticos y el boom de las plantas de biogás en Pamplona-Iruñea. Estuvo acompañado por Antonio Aretxabala, doctor en Geología, y Claudia Oses en representación de las plataformas contra las plantas de biogás de Navarra y que presentó el acto. En su charla Turiel habló primero de los problemas de abastecimiento de petroleo y gas natural, y posteriormente se centró en las posibles soluciones que se están buscando dentro de la transición a las energías renovables.
En esta crónica de la charla no nos vamos a extender mucho en el actual problema de abastecimiento de combustibles fósiles. En la web NoNormal.org se pueden ver otras charlas de los mismos autores en las que se desarrolla el tema, y también en la presentación que utilizó Turiel en Iruñea, descargable aquí en formato pdf. Tan solo indicar que tanto la extracción de petroleo como la de gas natural a nivel mundial están decayendo, y no solo por los efectos de los conflictos bélicos, sino por el progresivo agotamiento de estas materias. Y esta caída no está siendo adecuadamente compensada por la transición a las energías renovables, dado que apenas se está compensando el consumo que hacemos de combustibles fósiles.
Y no lo están haciendo por los graves problemas que tienen las renovables que se están impulsando: altas necesidades de materiales que es necesario extraer: cobre y plata sobre todo. Un consumo eléctrico, que en potencia puede ser renovable, que no está aumentando. Y unas tecnologías palanca que deberían acompañar a la transición que no aparecen, o no se desarrollan como deberían, porque no son rentables.

Ante los graves problemas para la implantación masiva de la electricidad como energía renovable preponderante, los artífices de la transición renovable buscan alternativas. Y las que encuentran no son nuevas tecnologías, ni consiguen solucionar los problemas existentes sin crear otros nuevos. Lo que tienen en común las energías que están buscando es su no dependencia de la electricidad, de manera que se trate de energías fácilmente almacenables y despachables. Y por otra parte, todas ellas son derivadas de las plantas y los animales, de manera que es necesario cultivarlas, recolectarlas o criarlos para obtenerlas. Turiel citó las siguientes tecnologías que se estarían buscando desarrollar en la actualidad, con diferentes grados de implantación en todo el Estado Español: los combustibles orgánicos, el proceso de Fischer-Tropsch, el biogás, y el aprovechamiento directo de la biomasa.
Los combustibles orgánicos son combustibles obtenidos por transformación directa de materias primas orgánicas. Dentro de ellos se pueden incluir los biocombustibles que se usan actualmente mezclados con gasolina y gasoil. Pero estos provienen de la transformación de plantas cultivadas, mientras que los combustibles que se pretenden impulsar ahora serían derivados de cualquier tipo de materia orgánica, para evitar la competencia que tienen los biocombustibles con la alimentación. Así, por ejemplo un nicho de mercado actual es la utilización de grasas de cadáveres de animales de granja, que no se pueden utilizar para la alimentación, en la fabricación de este tipo de combustibles. De este modo, las macrogranjas que tanto están proliferando tienen una nueva forma de conseguir mayor rentabilidad.
El proceso de Fischer-Tropsch es una tecnología desarrollada a principios del siglo XX para la producción de combustibles líquidos como gasolina o gasoil a partir de la biomasa o el carbón (combustibles sólidos). Se trata de un proceso que ya se utilizó durante la 2º guerra mundial, y que es muy contaminante, a la vez que poco eficiente (necesita mas del doble de combustibles sólidos para obtener el combustible líquido). Se prevé que esta tecnología será la que intentará paliar la falta de petroleo, transformando así las grandes reservas de carbón en combustibles líquidos, o utilizando la biomasa de los bosques, según la disponibilidad en los diferentes países.
La producción de biogás se realiza transformando residuos orgánicos en estado mayoritariamente líquido en una mezcla de gases con preponderancia del metano, que también es conocido como gas natural (combustible fósil en forma de gas). Esta transformación se produce de manera natural en lugares con ausencia de oxígeno, donde bacterias degradan la materia orgánica y generan el biogás. Y este mismo proceso se aprovecha en las instalaciones industriales. Se trata, por lo tanto, de una forma de aprovechar residuos existentes, que si se realizan de manera local, sin transporte, es un aprovechamiento positivo de recursos locales, pero si se necesitan transportar las materias primas y los residuos finales el proceso deja de ser sostenible y renovable. Y además produce grandes cantidad de residuos, que en principio se utilizan para abonar campos agrícolas, pero que puede contaminarlos por la presencia de contaminantes en el residuo que estas plantas generan. Se trata también de una técnica que se conoce y se prueba desde hace varias décadas, y en la que no se ha producido ningun desarrollo técnico moderno, por lo que sigue siendo ineficiente y poco rentable, solo sostenible desde el punto de vista económico con subvenciones.
Finalmente, se puede realizar también el aprovechamiento directo de la biomasa en forma de combustible solido (leña). Se trataría, una vez mas, de un aprovechamiento que en situaciones de cercanía, sin apenas transporte, y en pequeñas cantidades podría ser considerado renovable. Pero que si se realiza en grandes cantidades acaba diezmando los bosques naturales, y potenciando el cultivo en su lugar de especies de crecimiento rápido. Se trata, por lo tanto, de un último recurso que posiblemente se acabará implementando ante el declive de los combustibles fósiles.
De este modo, en la actualidad se está produciendo un importante desarrollo de nuevos proyectos de macroplantas de biometanización en todo el Estado Español, para la producción de biogás, tal y como está sucediendo también en Navarra. Y esto está llevando a las instituciones a la necesidad de tener que regular esta actividad, tal y como lo han hecho ya con el Plan Regional de Biometanización de Castilla-La Mancha 2024-2030.

Analizando dicho plan y las cifras que en él se detallan, se pueden sacar interesantes conclusiones que nos indican la falta de sostenibilidad de esta técnica. Así, una realidad es que la parte de la materia prima que se convierte en biogás es mínima, tan solo un 2% de media, y llegando a tan solo un 0,2% para el caso del residuo mas utilizado, los purines de ganadería. Esto indica que la gran mayoría de la materia prima que entra en el proceso acaba saliendo como residuo, por lo que el transporte que se necesita tanto para acarrear las materias primas hasta la planta, como para gestionar el residuo final es muy importante: “es necesario mover muchas toneladas de peso muerto para no producir casi nada de biogás”, afirmó Turiel.
De este modo, las empresas del sector hablan en sus proyectos de limitar la materia prima que se introduce en las plantas a los 50 km a la redonda de las mismas. Aunque sabemos perfectamente que muchas de las plantas de este tipo en funcionamiento en Navarra utilizan materias primas de mas lejos (por ejemplo la Comunidad Autónoma Vasca y Cantabria en el caso de la planta de Mendigorria). Según los cálculos de Turiel, con residuos traídos de 50 km la Tasa de Retorno Energético de este tipo de plantas sería de 5,8 y se reduciría drásticamente con distancias mas largas. Hay que tener en cuenta que una TRE de 5 se considera que se encontraría en el límite de la rentabilidad energética (con todas las limitaciones que tienen este tipo de cálculos).

Porque resulta que la procedencia de la materia prima es clave para este tipo de plantas, y demuestra la necesidad de diseñarlas para el tratamiento de los residuos locales. Así, Turiel relató como en el análisis que efectuaron a un proyecto de este tipo en la localidad valenciana de Lliria, comprobaron como tenían intención de traer residuos incluso desde Francia. De este modo se demuestra como el Estado Español estaría convirtiéndose en una zona de sacrificio donde se produce energía para su uso en Europa, con la ayuda económica y en forma de disponibilidad del territorio y recepción de los residuos finales de la población donde se instalan estas plantas.
Porque resulta que este tipo de plantas traen una serie de problemas graves a las zonas en las que se implantan, además de los ya comentados:
- Paso incesante de camiones (promedio de 54 camiones/día para una planta de 100.000 toneladas/año).
- Necesidad de reasfaltado y rehabilitación de las carreteras comarcales donde se ubican estas plantas, por el tremendo uso que se les da.
- Accidentes de circulación por la gran cantidad de camiones. así como otros tipos de accidentes en la propia planta que pueden causar vertidos de residuos líquidos.
- Producción de malos olores, y de gases que en ambientes cerrados pueden llegar a ser tóxicos.
- Empobrecimiento de materia orgánica en los suelos al aportar solo fertilizantes orgánicos en formato líquido con poca materia orgánica (el digestato producido en estas plantas).
- Posible presencia de metales pesados y otros contaminantes en función del tipo de residuos que se meten en la planta como materia prima.
- Presencia de restos de antibióticos que se suministran a la ganadería industrial y acaban en los estiércoles y purines.
Algunos de estos problemas se podrían solucionar o minimizar gracias a un correcto mantenimiento de las plantas. Pero resulta que como la rentabilidad económica que producen es tan escasa, es normal que el mantenimiento de las plantas sea el mínimo, lo que conduce a mayores problemas y mas recurrentes.
De este modo, Turiel concluyó con que es muy probable que en los próximos años veamos un aumento de los proyectos de estos tipos, tanto plantas de biogás, como de los otros tipos para la producción de toda clase de combustibles de procedencia orgánica y supuestamente renovable. En todos los casos con las graves problemáticas que acarrean, y sin ser una solución real al Cambio Climático, mientras que agravan la situación de otros límites planetarios como los ciclos del nitrógeno-fósforo, la biodiversidad, el uso del agua, la artificialización del territorio…
